El cuerpo humano es una máquina fascinante que opera incluso mientras dormimos. Durante ciertas etapas del sueño, especialmente en el sueño ligero, nuestro tono muscular se mantiene activo, lo que nos ayuda a sentir cualquier incomodidad y a cambiar de posición. Este mismo sistema es el que nos evita caer de la cama, gracias a la percepción del límite que nos brinda la cama.
A medida que nos adentramos en el sueño REM, la situación cambia. En esta fase profunda, el tono muscular disminuye considerablemente. Según la neurocientista Natália Mota de la UFRJ, «el sueño se vuelve tan profundo que el tono muscular se reduce, excepto en los músculos que controlan el movimiento ocular, que entran en una fase de movimiento rápido».
El misterio de la inmovilidad en el sueño REM
Durante el sueño REM, aunque el cerebro está muy activo y sueña, el cuerpo permanece inmóvil. Esto se debe a un mecanismo que inhibe el envío de señales a los músculos, permitiendo que experimentemos sueños vívidos sin movernos. Mota explica que «las neuronas inhiben la salida de señales desde la médula espinal, reduciendo así la activación muscular. Esto permite que el cerebro tenga una experiencia motora sin activar los movimientos reales».
Es interesante notar que caer de la cama es un fenómeno más común entre los niños. Esto se debe a que, además de moverse más durante la noche, su sentido del espacio aún no está completamente desarrollado. Mientras tanto, los adultos, con un mejor control de su propio cuerpo durante el sueño, suelen evitar este tipo de accidentes.
Así que la próxima vez que te despiertes en medio de la noche, recuerda que tu cuerpo está trabajando arduamente para mantenerte a salvo y cómodo en tu cama.
