En el fascinante mundo del whisky, la tradición y la innovación a menudo chocan. Mientras que el envejecimiento en barricas de roble es el método clásico, cada vez son más las empresas que buscan acelerar este proceso para ofrecer un producto más accesible.
Para entender cómo se logra esto, es esencial conocer los fundamentos de la destilación. El whisky se elabora a partir de granos como el maíz, trigo, centeno y cebada maltada. Cada productor tiene su propia receta, que combina estos ingredientes con agua y levaduras, dando inicio a una fermentación que dura unos tres días. Durante esta etapa, las levaduras convierten los azúcares en alcohol y dióxido de carbono.
Métodos de envejecimiento acelerado
Una vez fermentado, el líquido se destila y obtiene un contenido alcohólico del 80%. Es aquí donde comienza el verdadero envejecimiento, que puede durar años en barricas de roble, donde el sabor y el color se desarrollan gracias a la interacción del alcohol con la madera. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos acortar este tiempo?
Empresas como Bespoken han desarrollado métodos innovadores. En lugar de usar barricas, colocan el whisky en tanques de acero donde añaden pequeños trozos de madera. Al regular la temperatura y la presión, logran una mayor interacción entre el alcohol y la madera, acelerando así el proceso de maduración.
Otro enfoque consiste en la técnica del químico Orville Tyler, quien utiliza ultrasonido para irradiar las barricas de madera, lo que supuestamente acelera la creación de ésteres, compuestos que aportan sabor al whisky. Por su parte, Endless West opta por una estrategia radical: infunde el alcohol con sustancias naturales y microorganismos para replicar la composición de un whisky envejecido.
El resultado de estas técnicas ya está disponible en el mercado, con algunos productos incluso ganando premios. Sin embargo, hay quienes sostienen que estos whiskies no logran alcanzar la misma complejidad de sabor que los tradicionales, lo que plantea un dilema en la industria.
La posibilidad de acelerar el envejecimiento no es nueva. Desde el siglo XIX, ha habido intentos de imitar el sabor amaderado y ahumado del whisky utilizando aditivos poco convencionales, desde caramelo hasta… carne podrida. Aunque estas prácticas suenan extremas, evidencian el deseo constante de innovación en el mundo de la destilación.
